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Amor = Deseo + Ternura “No hay Afrodita sin Eros”


Freud destaca una corriente de amor sensual y una corriente de ternura en los vínculos amorosos, que en un primer tiempo en la evolución del sujeto actúan de modo independiente sin confluir en una unidad. Recién en la maduración y la evolución afectiva del sujeto, la corriente de ternura y la de sensualidad pueden estar depositadas en un mismo objeto, y, por lo tanto, dicho objeto ser capaz de estar relacionado con el sujeto en calidad de objeto amoroso en su doble vertiente: sexual y tierna.


La ternura es una corriente amorosa sexual cuya meta se ha inhibido, donde la represión de lo sexual aumenta toda la otra corriente, no en términos de amor desexualizado sino de meta inhibida.

En los mitos románticos, lo que está en juego no es la gratificación sexual sino justamente el vínculo amoroso con el objeto al cual no podía accederse como objeto sexual.

No podemos amar a alguien sin a la vez desearlo. Una relación en la que existe el amor pero el deseo hace tiempo que se ha ido enfriando, está desde luego amenazada por varios flancos: el primero, el más constante, el más impredecible y, sin duda, el más temible: los otros y su implacable atractivo. Luego está el peligro del hastío o, como se suele decir ahora, “la falta de creatividad en la pareja”. Pero si al sentir que nuestro deseo se atenúa, nos apresuramos, no sin dolor, en deshacer nuestros vínculos, lo que no s amenaza es la posibilidad de transformarnos en unos incansables buscadores de “objetos” y su casi inevitable secuela: la soledad.


No podemos entender que el objeto del enamoramiento deba ser prescindente del vínculo sexual, sino que puede ser capaz de brindar al sujeto una gratificación tanto sexual como tierna o de meta inhibida.
Estas dos corrientes se encadenan en cierto momento y el sujeto es capaz de depositarlas sobre un objeto con el cual se instala un vínculo.

Se atraviesan múltiples alternativas de búsqueda hasta que se dan el uno al otro, y cuando encuentran el lenguaje común para el deseo y la ternura, se funden en una unidad: la pareja humana.